viernes, 2 de diciembre de 2016

Un Adviento diferente

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Me chirriaban las lecturas de Isaías mientras veía un mundo tan desigual: “preparará el Señor para todos los pueblos un festín de manjares suculentos...”, “...No alzará la espada pueblo contra pueblo...”, “...defenderá con justicia al desamparado...”

Y en medio: pueblos con hambruna, guerras, millones de refugiados y desplazados por el mundo. Rostros de niños golpeados por la pobreza y la enfermedad desde antes de nacer (duele mucho ver a un niño con ojos tristes). Rostros de mujeres solas, con carga familiar, sin salario, con una casa de barro.

Se me agolpaban las preguntas, unas con respuestas, otras muchas, sin ellas. Es bueno tener dudas y que surjan preguntas; te ayudan a buscar, te inquietan, te estremecen... Algo tiene que cambiar en nuestro corazón en medio de la abundancia y el consumismo, de luces y regalos en estos días.
¿Hay razones para la esperanza? –me preguntaba en pleno Adviento- ¿qué pueden esperar los que no tienen nada?, ¿qué espero yo que tengo mucho?

Hoy mueren o mal-viven miles de inocentes víctimas del egoísmo porque sigue habiendo Herodes que niegan todo derecho a una vida digna.

Y sigue Isaías: “Consolad, consolad a mi pueblo, allanad el camino…”. Y esto es lo que hacen muchas mujeres y hombres que han entendido las palabras de Jesús que puso su tienda entre nosotros: Tengo hambre y me das de comer, estoy enfermo y me atiendes en un centro de salud, vivo en una choza o a la intemperie y me ayudas a construir una casa digna. Estoy en la cárcel..., sin trabajo, desnudo o con harapos… y me miras con cariño, me enseñas un oficio o a cultivar, a coser..., me tratas con dignidad.

Y una luz les brilló. Habitaban en una tierra de sombras y una luz ha brillado ante sus ojos... Hay muchas luces a nuestro alrededor que intentan vivir día a día la Navidad: Dios con nosotros, fiesta de la luz, de la fraternidad universal. Son las luces que alumbran, que acogen, que dignifican. Esto es consolar a mi pueblo, allanar el camino, por eso, sí que hay esperanza en un mundo mejor para toda la humanidad. Ese mundo fraterno, hemos de hacerlo entre todas y todos.

“Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.” (Salmo 71).