martes, 1 de julio de 2014

Descansar en el Señor

Al llegar el tiempo de verano todos pensamos en el merecido descanso después del curso y de los meses de trabajo intenso; y en nuestra vida cristiana, después de un intenso curso de catequesis, reuniones, celebraciones, actividades pastorales y caritativas, etc.

Pero este descanso supone un cambio de horarios y actividades, nunca un no hacer nada. Debemos aprovechar este verano para dedicarle tiempo a las personas o cosas que sufren más nuestras ocupaciones: la familia, los amigos, nuestras aficciones, la cultura y la lectura, y a Dios. A veces se suceden los días entre actividades, empezando por la parroquia, y nuestra relación con Dios, la oración que la mantiene, se resiente porque queda en la cola de nuestras ocupaciones. Parece que Dios siempre puede esperar.

Sin embargo Dios no nos deja para el tiempo que sobra, sino que está presente a nuestro lado siempre. Pero si nosotros no nos damos cuenta, no le hacemos un hueco en nuestra agenda, ¿cómo podremos aprovechar su estar con nosotros?

Siempre es tiempo de encontrarse con Dios, y en verano debemos aprovechar para reponer fuerzas espirituales. Para ello podemos dedicarle un tiempo más prolongado a la visita al Sagrario, no llegar tan justo a misa y prepararnos antes de comenzar la Eucaristía, tener una acción de gracias más prolongada al acabar la misma, leer algún libro de meditación o de formación cristiana, visitar enfermos o mayores, echar una mano en Cáritas o en algún voluntariado de la parroquia, etc.

Dios se ha hecho hombre para que podamos descansar en él. Su Palabra es el mejor consuelo, su Cuerpo y su Sangre los mejores alimentos, su Gracia la fuente más fresca, su perdón es nuestra paz, de su amor brota la fraternidad. Que este tiempo de verano sea para todos un nuevo impulso al encontrarnos con Aquel que nos sostiene y es nuestro descanso.