viernes, 11 de abril de 2014

La Quincena Santa


Durante la Cuaresma, hemos ido caminando hacia la Pascua, por las sendas de la conversión, a la escucha de la Palabra de Dios, acompañados de una oración incesante, de la práctica de obras la caridad, de piedad y de misericordia.

Ahora llegamos al Triduo Santo Pascual de la Pasión y Resurrección del Señor que es el punto culminante de todo el año litúrgico. La Pascua del Señor es su “paso” de la muerte a la vida, su pasión amorosa por nosotros. Pero nuestra celebración se extiende no solo a la Semana Santa sino a una quincena pascual que abarca desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de la octava de Pascua o Domingo in Albis.


Domingo de Ramos

Lo debemos considerar como un preludio, como un pórtico pascual, que anuncia la gran celebración del Triduo. Con la celebración del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, entramos de lleno en la Semana Santa. La procesión con las palmas es una manera de recordar la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, la acogida gozosa con ramas y palmas de los sencillos, el peregrinar de Jesús, al cumplimiento de su misión.

También hoy somos llamados a reconocer al Mesías, a unirnos a los gritos de los sencillos y a asumir la misión. La procesión es parte de la misa y empieza en un templo distinto al parroquial.

La lectura de la pasión muestra las dos caras del misterio pascual: la procesión con los ramos (el triunfo) y la pasión (el fracaso), la muerte y la resurrección, el dolor y la alegría. Con ella la Iglesia nos invita a seguir a Cristo hasta la cruz, para participar también de su resurrección.

Jueves Santo

Misa vespertina de la Cena del Señor. Varios momentos conforman esta celebración. El lavatorio de los pies es la expresión de una actitud radical de servicio y amor, que debe manifestarse en toda la vida del cristiano.

El Jueves Santo expresa de múltiples maneras el amor sin límites de Cristo. Cristo ama y se hace amar, en la declaración de amistad (vosotros sois mis amigos), en la fracción del pan y en el pasar la copa (cuerpo y sangre derramada por vosotros), en la disposición a perdonar (uno de vosotros me va a entregar). Amar hasta el fin significa, para Cristo, amar mediante la muerte y más allá de la muerte. Con las palabras “Haced esto en conmemoración mía” Cristo instituye la Eucaristía y el Sacerdocio.

La reserva de la Eucaristía está destinada sobre todo a la comunión de los enfermos o de los moribundos (viático) Pero la reserva de este día en el monumento tiene también otros sentidos, como son: la admiración, contemplación y adoración del misterio de la Eucaristía, como misterio de entrega y amor; la significación de la originalidad de una despedida que es al mismo tiempo permanencia, de una marcha que implica un nuevo quedarse con los amigos. Tal vez ningún día como hoy aparece con tanta claridad que, si el amor de Cristo permanece, la Eucaristía no puede ser otra cosa que el «sacramento permanente».

Al concluir la celebración se despojan los altares, expresando el despojo de Cristo que, apresado, es abandonado por los suyos. A partir de este momento los signos de alegría desaparecen, las campanas enmudecen, y el corazón de la comunidad creyente guarda un silencio emocionado participando en el «drama de Jesús».

Viernes Santo

Pasión de Cristo. Liturgia austera: Lectura de la Pasión. Adoración de la Cruz. Comunión.

La muerte en la cruz es la máxima expresión del amor de Dios al hombre. “Tanto amó Dios al mundo, que entregó su propio Hijo para la salvación”. Porque en la cruz vence el amor sobre el odio, puede el hombre creer que ha comenzado una realidad nueva y eterna, por ella renace el gozo del amor, desde ella se abre el mundo a la esperanza. Sólo en la muerte de Cristo puede encontrar sentido la muerte del hombre.

Sábado Santo

“La hora de la Madre”. El sábado es un día de religioso y profundo silencio, en el que contemplamos el dolor de la muerte y la esperanza de la vida. En este día es preciso destacar, la gran esperanza y confianza de María.

Ella fue la que verdaderamente creyó y esperó. Por eso se la llama «madre de esperanza». María es en verdad nuestra esperanza porque, nos ha dado a Jesús «esperanza nuestra», nos ha dado la posibilidad de vivir con esperanza, y de esperar la plenitud prometida. María es, de forma especial en este día, nuestra madre y nuestro modelo de vida entregada como colaboración a la misión redentora.

Vigilia Pascual

Cristo no acabó en la pasión ni en la muerte del viernes santo. ¡Resucitó! .Es preciso haber muerto y haber sentido la densidad de las tinieblas y del pecado, para poder percibir la novedad inmensa de una nueva esperanza, el gozo de una vida que nace o la alegría de una luz radiante que brota de la oscuridad. Quien no ha mirado de frente a la cruz del viernes santo, no puede ver tampoco la novedad de la resurrección.

Esta noche, para nosotros es la noche santa por excelencia, el comienzo de un nuevo caminar hacia la luz y hacia la vida. Ningún cristiano puede sentirse ausente de la alegría de esta noche. Debe ser para nosotros como la primera de nuestro nacimiento a la vida, pues no en vano renovamos nuestro bautismo. Necesitamos morir cada año, porque cada año tenemos necesidad de resucitar a la maravillosa novedad que hay en nosotros.

Domingo de Pascua

¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza! El creyente es invitado a cantar el cántico nuevo del aleluya pascual en el Domingo de los domingos. De este día de la resurrección de Cristo brotan todas las fiestas cristianas. La solemnidad e importancia de este día no tienen igual y constituye el centro de la vida de toda comunidad cristiana.

Octava de Pascua

8 días solemnes, un mismo día de Pascua. Única ocasión del año en que todos los días de la semana se celebran con categoría de solemnidades.

Las misas festivas de estos días son la fe pascual hecha plegaria, expresada en la formulación de cada una de sus oraciones. Lo oficios contenidos en la Oración de las Horas expresan la fe y la alabanza pascual. Los textos evangélicos son las apariciones del Resucitado, teniendo presente la gran tradición bautismal de esta semana. La paz, la reconciliación universal y el perdón, el domingo como día de reunión, y sobre todo el Cordero inmolado y glorificado, deben centrar la atención. El Señor glorificado, donador del Espíritu, funda el testimonio de la Pascua, que la Iglesia celebra y que ha de anunciar… ¡hasta la Pascua Eterna!