jueves, 3 de mayo de 2012

Pentecostés: "Tiempo de la Iglesia. Tiempo del Espíritu Santo"

Fue el mismo Señor quien nos prometió no dejarnos solos, sino que nos enviaría la ayuda del Paráclito para asistirnos y guiarnos: "Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra" (Hechos 1, 8)

Pentecostés marca el caminar de la Iglesia peregrina, la llamada misionera de todos aquellos, que llenos de la fuerza renovadora de los dones del Espíritu Santo, son capaces de vencer los temores humanos, para adentrarse en un camino que conducirá la vida de la Iglesia naciente por las sendas del mundo.

Hoy, llevamos el sello del Espíritu en la vida de todas las comunidades de fieles cristianos por todo el mundo. Pero también debemos reconocer que es necesario que otros, Pedros, Santiagos y Juanes, tomen la antorcha del discipulado y comprometidos con las realidades de las nuevas generaciones sigan anunciando con gozo al Señor de la vida.

Seguir a Jesús como su discípulo, nos invita a estar en la constante dinámica de buscar y discernir lo que él quiere de nosotros, para eso es necesario una profunda vida de oración y un dejarnos acompañar por la fuerza transformadora de su Espíritu que hace nueva todas las cosas.

Este es el gran desafío de esta fiesta de Pentecostés, llegar a identificarnos tanto con la vida misma de Jesús de Nazaret, que podamos ser sus discípulos continuadores de su misión, proclamadores de un mensaje liberador, esperanzador y coherente hasta la cruz. Y para eso el nos deja sus dones que nos acompañan, fortalecen y animan en la misión.