viernes, 1 de julio de 2011

Y ahora: felices vacaciones


Las vacaciones son una oportunidad para vivir de modo diferente al resto del año. Son un tiempo propicio para experimentar la alegría de vivir unos con otros, de dedicarnos tiempo, de prolongar el descanso, los paseos, las comidas, las sobremesas o las conversaciones en familia, disfrutando intensamente del encuentro familiar. Necesitamos el descanso. El mismo Jesús de vez en cuando se alejaba con sus discípulos a descansar: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco» (Mc 6, 31).

Las vacaciones no son un simple no-hacer-nada, son un tiempo para descansar, para enriquecerse, a fin de que los trabajos diarios no agoten la riqueza de nuestro interior, esterilizando el campo de nuestra vida.

En muchas ocasiones, nuestra sociedad incita a un consumo excesivo y desenfrenado que termina consumiendo nuestras vacaciones, nos quita la paz y el sosiego, y no nos deja más que resaca. También hemos de planificar bien nuestras vacaciones.

Sé, también, que muchas familias tienen que ajustar sus vacaciones al cuidado de los abuelos o de sus enfermos. Otras tienen que apoyar a los hijos que les quedan estudios para el verano. Otras experimentan dificultades económicas, etc. Todas estas circunstancias difíciles adquieren nueva luz si se ponen bajo el resplandor de la misericordia de Dios. Son oportunidades para crecer personalmente, para salir del nosotros y disfrutar también con la compañía del que sufre.

A todos os tengo presentes en la oración y le pido al Señor que sea vuestro descanso.

Nos seguiremos viendo, y aunque estemos lejos por las vacaciones, nos encontraremos siempre unidos en la Eucaristía.

Feliz verano y un fuerte abrazo.
Ildefonso González Pérez, Párroco