miércoles, 1 de diciembre de 2010

«Caminemos a la luz del Señor»


Un nuevo Adviento llama a nuestra puerta:
Cuatro semanas de camino hacia la Navidad, hacia el cuerpo niño de Dios, en una fiesta de familia y de nostalgias; cuatro semanas abiertas a la esperanza, en que se concentra nuestra búsqueda de Dios, nuestra aspiración hacia una vida con sentido, marcada por su dureza y por sus luchas, pero abierta a la ilusión y la esperanza.

Daos cuenta del momento que vivís.
Vivimos una sola vez la existencia y nos ha caído en suerte una vida de crisis y de cambios... Y no podemos cruzarnos de brazos.

Ya es hora de espabilarse.
No podemos vivir en la rutina y la vaciedad, mientras nuestros días se nos gastan. Hay que remover el corazón, hacer renacer energías e ilusiones de las cenizas de lo que está muerto en nosotros.

Nuestra salvación está más cerca.
Nuestra salvación está siempre cerca, porque Dios nos llama a ella y cree y espera siempre en nosotros. Siempre es posible luchar y remover lo que hay dormido en el corazón.

Él viene, viene siempre…
Dios no ha abandonado el mundo al juego del destino o a las ambiciones de los hombres. Él es el Principio y el Fin, Alfa y Omega, el comienzo y el término y el centro de la historia.

Ven, caminemos a la luz del Señor:
Sigue caminando con animo e ilusión. Busca la luz del Señor en tu vida, aunque a veces sea tan tenue, como una lamparilla que se extingue. Aviva en las cenizas de tu vida el rescoldo de fuego que aún calienta.

¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!