miércoles, 1 de septiembre de 2010

«Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» Col 2,7


Como comunicábamos en la hoja de Julio-Agosto, el lema para este nuevo curso pastoral es el texto de S. Pablo a los Colosenses en su capítulo 2 versículo 7.

Vivir este lema será para todos una ganancia, porque no podemos negar que transmitir la grandeza del Dios de Jesús lo es. Y muchas razones lo avalan:

1.– Por dar a los otros lo mejor. ¿Y qué es lo mejor? Nada es comparable a Dios. La vida está llena de variables (salud/enfermedad, pobreza/riqueza, honor/deshonor, vida/muerte), sólo Dios permanece siempre.

2.– Por construir relaciones sanas. Dios “ordena” todo; es un buen “corrector” (siempre con la misericordia a cuestas) de nuestros excesos (deseo de posesión, indiferencia, violencia...).

3.– Por coherencia. Si somos bautizados, si hemos confirmado nuestra fe, si comulgamos…, será porque lo consideramos importante. Si no fuera así, transmitiríamos a los demás una gran incoherencia.

4.– Por compromiso. No se puede decir “soy cristiano” y sin embargo, actuar por cuenta propia. Ser miembro de la Iglesia, compromete.

5.– Por no echar a perder lo que a su vez he recibido y tiene valor. Nadie puede sustituir mi labor, ni puede realizar la misión que me ha sido encomendada. Los talentos que se tienen, o se invierten en beneficio de los otros, o se pierden.

6.– Por tratar de construir un mundo más justo. El Evangelio es una Buena Noticia. Educar en los valores del Evangelio contribuye a crear personas justas.

7.– Por dar esperanza. La visión materialista ahoga porque pone sus ojos en realidades caducas; la visión cristiana, que transciende las apariencias, libera.

8.– Por animar a ser “hombres fuertes”, como decía S. Pablo (1 Cor 16-23), de aquellos que depositan su absoluta confianza en Dios, fortaleza nuestra, (Sal 46, 2). La religión cristiana es lo contrario de la “blandenguería”, porque el precio que se paga por un amor que te hace libre es muy alto: marginación, burla, desprecio… la muerte incluida.

9.– Por conocer y amar nuestras raíces. Quienes somos, de donde venimos… tanto en su sentido original (Dios es Creador y Dador de la vida), como histórico (la fe de nuestros padres nos fue a su vez transmitida).