miércoles, 2 de junio de 2010

Fin de curso pastoral ¿Hemos cumplido?


Ap 21,1-7: "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva... Y escu­ché una voz que decía: Esta es la morada de Dios con los hom­bres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo". 
Mt 25,14-28: "El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor".

El final de una etapa es ocasión propicia para tomarse el pulso y hacer balance de la calidad de vida personal y comunitaria; en nuestra perspectiva creyente, desde lo viejo y lo nuevo que apunta el libro del Apocalipsis: ¿Qué es lo viejo que debe desaparecer? ¿Qué es lo nuevo que ha de surgir? Concluye una etapa, que también ha sido de vida personal, familiar, parroquial...: ¿Qué sentimientos han primado en nosotros? ¿Qué es lo que más hemos deseado y por qué? ¿Qué experiencias fuertes hemos tenido? ¿Cuáles han sido los mayores aciertos y los mayores fallos?

Repasemos el curso en línea de historia de salvación. Somos seres "habitados". Hay un despliegue divino-redentor que nos sustenta. En los planes de Dios importa menos dónde nos encontramos y más hasta dónde queremos llegar. Tratemos de cribar nuestra calidad de vida. Para esto, el Evangelio nos propone la parábola de los talentos. Hemos recibido dones y talentos como una prueba desbordante de la gratuidad de Dios y de la vida. Un talento enterrado no fructifica. Y si no fructifica, desmerece de la energía que le han dado, además de ser una lamentable inutilización de uno mismo.

Terminamos un curso pastoral. Pero no rebajamos nuestra exigencia ni hacemos paréntesis en nuestra dinámica de fe y oración. Sabemos que en lo que respecta al cultivo de valores y al testimonio no hay vacaciones. La vida sigue. En todo momento y en todo lugar debemos llevar el aire de Jesús y respirar la espiritualidad que hemos potenciado a lo largo del curso. Que el verano no debilite el ritmo de vida pascual que nos ha de caracterizar siempre.