lunes, 5 de abril de 2010

Pascua > Resucitó > Aleluya


Fueron las mujeres las primeras testigos de la resurrección de Jesús. Las mujeres, siempre tan despreciadas. Precisamente, en aquel tiempo, ni siquiera eran admitidas como testigos. Si la resurrección fuera un invento, el inventor jamás pondría como testigos a mujeres. Pero la resurrección fue un hecho real y Dios no piensa como los hombres. Dios, a las mujeres, les hizo el honor de ser las primeras testigos de la resurrección de su Hijo. Un ángel dio a aquellas mujeres la gran noticia: «El Crucificado no está aquí. Ha resucitado» (Lc 24,6). Fue esta la mejor noticia de la historia de la humanidad. Poco después, ellas mismas vieron al Resucitado.

Jesús resucitó y nos dio la esperanza de que nosotros también resucitaremos. Nuestra esperanza se basa en las palabras del mismo Jesús y en el poder y la bondad de Dios.

El poder y la bondad de Dios hacen que el grano de trigo, que muere y es enterrado y del que al final ni siquiera quedará la cáscara, se transforme en algo mejor, en una espiga. Pues bien, el poder y la bondad de Dios hacen que nosotros, que morimos y somos enterrados y de quienes al final ni siquiera quedará un hueso, nos transformemos en algo mejor, en personas resucitadas, libres ya de las miserias de esta vida. Para Dios, más importantes que el grano de trigo somos nosotros, sus hijos.

Es por la resurrección por la que debemos vivir nuestra fe con alegría. En tiempo de Pascua se repite una y otra vez «aleluya», «aleluya», es decir, alegría, alegría. No es para menos. Cristo triunfó sobre la muerte y su victoria es nuestra victoria, ya que esperamos participar en su gloriosa resurrección.

Así pues a todos vosotros hermanos en la fe:

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!